martes, 27 de enero de 2009

El día del viaje de a dos...

Un día gris, con ese frescor particular que solo la humedad trae sobre nuestros cuerpos, haciéndonos sentir escalofríos.
A llovido mucho, lo suficiente como para mojar todos los caminos de norte a sur y de este a oeste.
No hubo una sola gota derramada fuera de lugar.
todo cayó en su justa medida. La incertidumbre desapareció, y con ella, cada una de nuestras penas.
Una melancolía casi juvenil, surca nuestros pensamientos más débiles, sin dejar paso a la sonrisa.
Hoy se fue de vacaciones y no lo vi.
Será que la lluvia limpiará mis días de honda tristeza cuando me quiera dormir.
Será que cada vez que de madrugada canten los gallos, y aún no consiga conciliar el sueño, será que la luna vendrá a mi, y besará mis labios secos.
No se cuando regresará, no lo sé.
Pues cuando se lo pregunté, dijo que serían unos cuantos días. Pero el, me conoce bien, sabe que sabe que al decir la verdad, me nuble en un abrir y cerrar de ojos.
Sabe como manejar todos mis tiempos. En realidad, casi, todos mis tiempos, hay uno que no puede, porque yo no quiero, no puedo, me enojo, me siento siento menos, me siento triste, y vuelvo a enojarme, solo es conmigo, el no tiene que ver. Solo es conmigo, no puedo controlarlo, no quiero.
Siempre me digo es mañana, será pasado, será mañana.
No se cuando, pero, siempre hay algo que me detiene, me frena y no puedo...
Se enoja mucho, se enoja, pero no puedo...necesito un tiempo.
El no lo tiene, la duda, la culpa y la posibilidad remota a un desastre no establecido, lo mata.
Y yo, me quedo esperando, cuando será el día que llegue, quizá de madrugada, quisás al sol, o en medio de la nada.
No lo sé, solo se que no puedo, me gustaría estallar como los pimpoyos que azota el viento y calma luego el sol.
Pero no puedo o mejor dicho no quiero.

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