Ayer desperté con cuarenta y nueve años.
Un día a pleno. Lleno de flores. Rosas moradas. Muchas entre los violetas, lilas, fucsia y los rosados.
Pétalos por todos lados, el viento comenzó a soplar
sobre aquellos pimpollos blancos,
los amahacaba de un sector a otro, cada vez aumentaba más y más su volúmen.
Lindo el sol cuando pega destellos luminosos
sobre los ventanales de mi casa.
Un jardín lleno de color, de verde y de calor.
Alegría y sensaciones nuevas que se pegan a mi cuerpo.
Transmuto cada estigam, cada lágrima,
pues, mis ojos hoy brillan
como lo deseaba por la mañana.
Azul como los lirios, tan azul como los ojos de mi madre, asi,
se ve el cielo desde mi Rojas natal.
Se que son muchos los paisajes de mi infancia,
más bellos son aquellos que sueño por venir.
Si se me permite, cantaré hasta entonces,
bailaré cada día,
reiré hasta entonces,
porque solo se saborea cuando
la miel silvestre tiene flores del jazmín de los alpes.
Mañana, será mejor, mejor que ya no te vea,
mejor que al verte no te distinga,
y mucho mejor, que cuando pases a mi lado,
ni siquiera te sienta...ya fue demasiado.
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